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La F-1 ha prescindido de las azafatas de la parrilla, esas chicas que estaban allí solo para ser vistas

Dos azafatas de pista, en el Gran Premio de San Marino de Motociclismo. GETTY

Como es bien sabido, Liberty Media, la empresa que desde 2016 gobierna la Fórmula 1, tomó hace unos días la decisión de prescindir de las azafatas de la parrilla, chicas cuya labor consistía en sujetar un cartel, una bandera o un paraguas a la vera del coche de los pilotos. Una labor de adorno, sin más. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, y ya es noticia que la Fórmula 1 provoque una ídem, y la polémica se expandió por las redes sociales, tan propensas a expandir cosas, y otros foros de mayor o menor categoría. No hubo unanimidad, claro, y fueron muchos los que criticaron con dureza la medida. ¿Por qué? Pues porque el feminismo que todo lo invade ha ganado otra batalla, decían unos. O porque es una costumbre ya muy arraigada en las carreras, aseguraban otros. O porque cientos de muchachas se van a quedar sin trabajo, se lamentaban varios más, tan solidarios.

Nadie criticó la medida utilizando un argumento mucho más machista pero que aparenta ser más sincero, algo así como “porque están muy buenas”. Será, pues, que no es esta la razón de su presencia en la pista. Porque, ¿cómo puede alguien pensar que, a la vista de la imagen que ilustra estas líneas, hay individuos que puedan fijarse en algo que no sea el empaque, el aplomo y la apostura con los que las muchachas sujetan el paraguas? ¿Cómo se puede creer por un momento que existe gente que obvie tanta galanura y se fije solo, pongamos, en alguna de las curvas que la instantánea realza, no precisamente las del circuito?

En los tres días en los que se celebra un gran premio de F-1 se desarrollan múltiples actividades en los circuitos. Los equipos tienen sus recintos particulares, donde a los invitados se les llena de agasajos y lisonjas. Y también muchas marcas comerciales aprovechan el evento para publicitarse. Y en esos pabellones se ven azafatas y azafatos, camareros y camareras, hombres y mujeres que ejercen de guías, o de relaciones públicas, o de intérpretes. Sin embargo, la labor de sujetar un paraguas la desarrollan en exclusiva chicas que están allí solo para ser vistas, que es para lo que existen los maniquíes. Y los maniquíes son cosas. Y las cosas, qué fatalidad, no tienen derechos.

De toda la vida se ha hablado de la Fórmula 1 como de un circo, quizá por todo lo que rodea a ambos espectáculos. Payasos en las carreras, que uno sepa, no hay. O al menos que tengan gracia. Acróbatas sí, pues cualquier piloto desarrolla su tarea a 300 kilómetros por hora, que ya hay que ser acróbata. Y animales, pues depende. Porque si de lo que se trata es de colocar a uno en el centro de la pista y que sujete una pelota con la nariz... ¿Pero hablábamos de pelotas o de paraguas?

La Fórmula 1, que hasta hace poco desprendía un repugnante tufo machista, ha prescindido de la figura de la azafata de parrilla porque, en palabras de la organización, “esa práctica está claramente en desacuerdo con las normas sociales actuales”. La competición de coches más importantes del mundo ha entrado, así, en el siglo XXI. Nunca es tarde. Tan calentitos en la Edad de Piedra se mantienen, por contra, los responsables de las carreras de motos, que no quieren saber nada de adoptar una medida similar. Allí también hay paragüeras, siempre al quite de que el sol o la lluvia no perturben la concentración de nuestros héroes sobre dos ruedas. La empresa que organiza el Mundial de motos es Dorna. En su momento, el Ayuntamiento de Jerez pidió que se suprimiera la figura de “las azafatas de adorno”, que no de todas las azafatas. Dorna respondió que nones, que la imagen de aquellas en la parrilla “es absolutamente esencial”. Dorna es una empresa española, como el avezado lector ya sabrá. No se sabe dónde está la esencialidad de la presencia de esas chicas de adorno, pero seguro que Dorna sabe que se trata de una costumbre muy arraigada en las carreras, que cientos de muchachas se quedarían sin trabajo y que el espectador solo se fija, miren ustedes la imagen, en lo bien que las muchachas sujetan el paraguas. ¿En qué otra cosa se iban a fijar?